Narcotráfico y terrorismo en Latinoamérica

andres%20penachino.jpgEn 2006, dentro de los 10 hombres mas buscados por el FBI aparecía, a la derecha de Bin Laden, un zar de las drogas llamado Diego Montoya Sánchez residente en Colombia y se lo conoce en el mundo del crimen organizado como Don Diego.

Este nombre nos diría poco, si no hubiera aparecido en uno de los allanamientos practicados por la policía de Colombia a la casa de la madre de Montoya, una foto reciente donde Don Diego posa con nuestro astro del Fútbol, Diego Armando Maradona.

Es sin duda Montoya Sánchez un personaje que cumple un rol fundamental dentro del crimen organizado y que abarca, dentro de sus ramificaciones, además del trafico de drogas, parte de las guerrillas colombianas. En enero de 2007, en un diario matutino de Argentina, aparecía como nota de tapa, la noticia que, ex guerrilleros del grupo armado Sendero Luminoso, peleaban por la distribución de droga en la Capital Argentina.

El termino crimen organizado devenido de “mafias, cuyo origen es incierto pero que algunos autores lo ubican en 1282, como consigna en los enfrentamientos entre los habitantes de Sicilia cuyo mandato era “Morte A la Francia Italia Anela” a los invasores del Reino Francés.

El Dr. Juan Belicov, Profesor de Relaciones Internacionales Contemporáneas de la UBA define al termino –MAFIAS- como crimen organizado que tienen por objetivo el lucro y como medio para obtenerlo las actividades licitas e ilícitas.

Hoy hay siete grupos mafiosos; los tradicionales Italianos Sicilia, Calabria, Nápoles y Puglia, con ramificaciones extendidas en toda Italia y el exterior, los originarios de los Balcanes, las triadas chinas, las yacuzzas japonesas, los gansters norte americanos, los gansters de África occidental, y los narcos latinoamericanos devenidos en verdaderas organizaciones criminales.

También, la expresión “crimen organizado”, fue esbozado por el Consejo Económico y Social de la Organización de Naciones Unidas, producto de la Conferencia Ministerial Mundial sobre la Delincuencia Transnacional Organizada, efectuada en Italia en noviembre de 1994.

El crimen organizado es una de las principales amenazas a las que han de hacer frente los gobiernos para garantizar su estabilidad, y el desarrollo ulterior de sus economías.
Los clanes mafiosos se disputaron por mucho tiempo el manejo de territorios dentro y fuera de sus fronteras de nacimiento, en cambio las organizaciones criminales internacionales han alcanzado acuerdos y entendimientos para dividir sus áreas geográficas, desarrollar nuevas estrategias de mercado, establecer formas para la asistencia mutua y el arreglo de conflictos a nivel mundial.

A diferencia de las Mafias, los carteles están diseñados sobre principios racionales de gestión, típicos de cualquier industria lícita, como son la especialización y la división del trabajo.

La fabricación de cocaína y su distribución, la logística que esos procesos requieren tales como la adquisición de materias primas, precursores, sistemas de transporte, sistema de ingreso del producto a los mercados consumidores, redes de distribución, cobranza, colocación de dinero en circuitos formales (bancos, inversiones diversas, etc.) convierten a estas organizaciones, que desde los años 70 están en total expansión, en verdaderas redes comparables a empresas multi nacionales, cuya casa matriz esta en Centro América, compuesta por miembros dominantes como Don Diego y su archi enemigo Wilber Varela, alias Jabón, otrora Pablo Escobar Gaviria, o Jorge Ochoa Vasquez, etc.
 

El concepto de cartel fue transplantado del argot usado por los economistas, para señalar a aquellas organizaciones o empresas delictivas capaces de ejercer la supremacía en alguna actividad. En estos casos, observa la ONU, se trata exclusivamente del tráfico de drogas colombianas.

La primera vez que se manejó oficialmente el término para designar a bandas de Colombia fue con motivo de la acusación de los Estados Unidos de Norteamérica contra Pablo Escobar Gaviria y aliados, el 18 de noviembre de 1986.

La imperiosa necesidad de los Estados Unidos de mantener controlado el ingreso de narcóticos desde la Región Latino Americana a su territorio ha llevado al departamento de estado de ese país a desarrollar una serie de estrategias tendientes a ponerle coto a ese flagelo.

Si bien los Estados Unidos desde los años setenta viene haciendo diversas gestiones en Colombia para combatir los famosos cárteles, recién en el año 1999 el Congreso Norte Americano aprobó la intervención armada en Colombia.

El Plan Colombia contó inicialmente con un presupuesto de 7.500.000 de dólares para combatir él trafico de drogas y la guerrilla.

Este plan surge después del retiro de EEUU de Panamá, usando primariamente un régimen de premios y castigos, incentivando a los productores a cambiar los cultivos ilícitos, por cultivos legítimos, posteriormente colaboró con el rociado de los cultivos de coca con herbicidas (glifosfatos) en áreas examinadas por satélites, y simultáneamente prestó ayuda para combatir a los terroristas mediante el apoyo de material bélico en la que se cuentan helicópteros y también tropas especiales.

Sin embargo estos esfuerzos han dado escasos resultados en Colombia. Hoy se envía más droga desde Colombia a EEUU y las fuerzas irregulares hoy se cuentan en alrededor de 30.000. Ante esta coyuntura y agravado por los atentados del 11 S, los Estados Unidos ya no toma a la región Latino Americana como el patio trasero de su casa.

Así lo indican los sucesivos anuncios que los Estados Unidos viene dando a los países de la región a través de diversas declaraciones de sus funcionarios, por las cuales tomamos conocimiento que la estrategia del control del trafico de drogas, el crimen organizado y la guerrilla no solo va a pasar por Colombia sino abarcará otros países de la región, dado que existen sobrados indicios que las ramificaciones del crimen organizado abarca varios países incluyendo la Argentina.

A los efectos EEUU pretende dar un marco conceptual para el combate a las drogas, la guerrilla y el crimen organizado, que incluye operaciones en conjunto con fuerzas armadas norte americanas.

La incorporación de las fuerzas armadas en el combate contra el nacotrafico tiene como inicio la gestión Reagan cuando incluye a la lucha contra la droga dentro del concepto de Seguridad Nacional. De ese modo quedó planteado el uso de las fuerzas armadas en la lucha contra la droga. Un verdadero desafió histórico ya que, hasta ese momento, la policía y las fuerzas militares tenían claramente delimitadas sus funciones y, a partir de allí se mezclan frecuentemente. Especialmente cuando es necesario el uso de tecnología superior para apoyar operaciones especificas, en general apoyo aéreo o naval.

Fronteras adentro, Estado Unidos ha diseñado tres estrategias especificas para reducir el consumo de sustancias toxicas.

La estrategia de prevención, mediante campañas dirigidas especialmente a los jóvenes, la de aplicación de la ley, con sus respectivos juicios y encarcelamiento a los culpables. Se calcula que seis de cada diez presos en Estados Unidos, están encarcelados por asuntos relacionados a las drogas. Y por ultimo una política de rehabilitación de adictos que conlleva a trabajo de profesionales de la salud, centros médicos etc.

Ante la oferta, son cinco los aspectos principales de la política oficial norte americana.
La erradicación de cultivos como se menciono en el caso Colombia, la sustitución de cultivos para permitir a los campesinos poder mantenerse con otras explotaciones sustitutas, una política de interdicción que es una política bilateral, una política regional multilateral sobre todo entre las fuerzas militares de los países. De esa forma las fuerzas aéreas colombianas y peruanas mancomunaron esfuerzos para combatir él trafico aéreo ilegal de pequeñas naves entre los dos países. Una cuarta política tiene que ver con lo que la oficina de drogas de la Casa Blanca llama operaciones contra organizaciones. Estos esfuerzos apuntan a la búsqueda de los individuos más importantes de las organizaciones que controlan la producción, el transporte y la venta de drogas, tal como el caso de Diego Montoya Sánchez

Otra política tiene que ver con las utilidades que genera este comercio el que se reparte a lo largo de la ruta de producción, refinación y transporte y el posterior lavado de dinero proveniente de la comercialización, en este aspecto son muchos los países de la región que han adherido de una u otra forma a esta policita de combate contra el blanqueo de activos. Los bancos Argentinos deben seguir expresas directivas del Banco Central de la Republica. Argentina, en lo que refiere a la denuncia de las entidades bancarias a esa entidad de depósitos bancarios a partir de una suma establecida.
También existen políticas de seguimiento y evaluación de los movimientos de los precursores químicos que pueden ser utilizados para la producción de narcóticos.
Desde los Estados Unidos son varias las herramientas oficiales que se emplean para llevar a cabo esta política.

Asistencia técnica, dotaciones de personal especializado, ayuda militar, ayuda policial, ayuda económica especialmente a aquellos países productores para la suplantación por productos alternativos, coordinación militar, especialmente en la parte aérea y naval, entre otras. Como las controvertidas certificaciones.

Ante estas consignas provenientes del país del norte, y entendiendo lo escrito en párrafos anteriores, que este tipo de industria depende de varios factores caben algunas reflexiones.

Ningún país de la región ha atacado frontalmente este tema. Surgen ahora preocupaciones, por ejemplo, de Ecuador por el denominado “efecto globo”. Esto se produjo cuando se comenzó a controlar el cultivo de coca en Colombia, este empezó a trasladarse a Ecuador. Este problema va a existir mientras no se presione en todas las áreas proclives al cultivo a la ves.

Que es preciso atacar primero, la oferta o la demanda. Durante la administración Reagan se puso el acento en el ataque de la “oferta” latinoamericana de drogas, impulsando el control y la represión en la fuente, sin que se viera idéntico empeño por terminar el consumo interno. El primer país donde se materializo esta política fue en Bolivia.

Sin embargo las acciones conjuntas que incluían militares y policías norte americanos no tuvieron el resultado esperado, ya que, no tomaron en cuenta elementos tan importantes como la fuerte raigambre sociocultural que estos cultivos tienen en los países andinos. Además el cultivo de las hojas de coca había traído una verdadera bonanza económica a los empobrecidos campesinos. Tiempo después Estados Unidos adopta una fuerte política de prevención fronteras adentro, especialmente dirigida a los jóvenes para reducir el consumo de estimulantes viendo infructuosos las acciones llevadas a cabo para reducir la oferta.

Hoy, no solo Estados Unidos, sino cualquier país del mundo debe establecer un sutil equilibrio hasta implementar una política gradual y extendida en el tiempo de disminución de oferta y demanda dado que, si hoy en cualquier país no productor dejase de entrar droga por 90 días, se agotarían los stocks existentes en los países consumidores. Esto provocaría que una inmensa cantidad de adictos comenzaran a sufrir el famosos síndrome de abstinencia. Si en EEUU un 14 % de la población es consumidora, tendrían de un día para otro 42.000.000 de habitantes demandando asistencia especializada. No existe un plan de contención para este tipo de evento en el mundo. Esto refiere a “tolerar” el ingreso de cantidades importantes de narcóticos para abastecer a los adictos crónicos. La demanda en este caso crea la propia oferta.

Las fuentes de empleo directo e indirecto que genera la producción de drogas en todas sus etapas, que en general beneficia a personas carenciadas y desarrolla zonas pobres y apartadas de los grandes centros urbanos. Se calcula que solamente en Perú, Bolivia y Colombia trabajan en tareas relacionadas con la producción de materia prima y de narcóticos alrededor de 6.000.000 de personas.
 

Políticas y países
 

No hay país de la región que no sufra este flagelo, pero de manera distinta, por lo tanto las soluciones a adoptar serán también diferentes.

En el caso de Colombia, el narcotráfico se ha mezclado con la guerrilla especialmente en aquellos lugares selváticos donde se ha intentado erradicar cultivos, utilizando a la guerrilla como custodia de los mismos. Aunque en el ámbito institucional orienten a objetivos diferentes, mientras que los narcos persiguen la estabilidad institucional sobornando a quien sea necesario, la guerrilla basa sus actividades en la desestabilización de las instituciones. La contrapartida local son los grupos para policiales, los grupos para militares y otros personajes cuyas acciones son rara ves difundidas. Todos ellos mezclados, comprometidos o “comprados” por el mundo del Narcotráfico.

El caso Bolivia, se ha comprobado que algunos militares se han visto mezclados en la producción y él trafico. En los ochenta hubo cooperación militar entre EEUU y Bolivia, pero la lucha contra la erradicación de cultivos, sin embargo no dio resultados. En los noventa comenzaron a trabajar en un programa de sustitución de cultivos con el objetivo de merecer mayor respeto de los círculos inversionistas internacionales. Aun a pesar de la apertura económica los gobiernos tienen bastantes dificultades para responder al reto del narcotráfico y el lavado de dinero. Si bien en Bolivia, aunque el nuevo presidente Evo Morales ha tomado posición en cuanto a los cultivos de hoja de coca, no es de descartar la producción, pero no puede ser considerada como un centro de lavado.

El caso peruano, a pesar de las diferencias existentes hasta fines de los noventa con EEUU y la gestión de Alán García, ha habido una política antidroga. El caso Perú y Colombia tiene algunas similitudes en lo que a guerrilla refiere, el MRTA y Sendero Luminoso si bien no se meten en la producción, protegen a los campesinos y sus cultivos y los aeropuertos clandestinos. Por esas labores los guerrilleros reciben importantes cantidades de dinero, aunque para ellos es parte de su ética no meterse en la droga ni consumirla. En los últimos años de la década del noventa las fuerzas policiales lograron capturar más de tres mil individuos identificados con Sendero, incluyendo su jefe.

En el caso de México, la droga no esta mezclada con la guerrilla, pero sí con las denominadas pandillas. En estos momentos sé esta aplicando seriamente una política de prevención de drogas en su territorio, incluyendo la prohibición de los famosos narco corridos que incentivan el consumo y jerarquizan las actividades de los narcotraficantes. No se debe dejar de lado la corrupción que ha logrado en los más altos niveles el negocio de las drogas. Sin embargo el mayor problema que tiene EEUU respecto a México es el control de las 3.000 millas de frontera entre ambos países. Lugar por donde ingresa la mayor parte de los narcóticos elaborados en Latino América.

El casi imposible control absoluto del trafico de sustancias prohibidas a partir de la globalización y de los convenios regionales como el NAFTA donde transitan en la frontera entre México y EEUU alrededor de 3.000.000 de camiones por año, 100.000.000 de autos y 250.000.000 de personas.

El caso Argentino tiene que ver además del consumo interno (el país de mayor consumo interno), también con el lavado de dinero y él transito de narcóticos, especialmente para Europa, pero no con la plantación, es por eso que son frecuentes las incautaciones de cantidades considerables de droga cada vez más seguido.

En el ámbito local se han instalado varios carteles que utilizando dineros provenientes de hechos delictivos como: secuestros, robos de autos o a bancos, que han podido capitalizar ingentes cantidades de droga en su estado puro, y procesarla en lugares diversos, cercanos a los grandes centros de consumo.

Como escribiéramos al principio, también se han descubierto que, ex guerrilleros peruanos, otrora pertenecientes a Sendero Luminoso, ahora pelean por la venta de droga en nuestra capital Argentina. Esta guerra ya ha dejado un saldo de 15 victimas humanas, algunas de ellas ajenas totalmente a la guerra propiamente dicha, como un bebe de 15 meses.

En el caso del Brasil, en los barrios bajos de las ciudades más populosas se han instalado carteles con un número importante de fuerzas irregulares que responden a líderes, algunos de ellos encarcelados, que mantiene en vilo a ciudades como San Pablo y Río. Las favelas de Río de Janeiro están dominadas por mafias de narcotraficantes que imponen su poder a través de la violencia y el terror. En esos lugares, la miseria y la desocupación fueron el caldo de cultivo para emplear a la población marginal en el circuito delictivo del tráfico de drogas.

Los recurrentes incidentes donde mueren decenas de personas y se destruyen transportes públicos y propiedades privadas obligo al Presidente Lula a involucrar a las Fuerzas Federales en la contención de estos grupos. Aun mas, cuando la cumbre de Presidentes del Merco Sur de enero del corriente año, también se involucro al Ejercito para prevenir desordenes y desmanes.

Si bien, ni Brasil ni Argentina son verdaderos productores de drogas, tiene varios puntos de coincidencias, las favelas en Brasil, y las villas de Buenos Aires son lugares prácticamente inexpugnables donde verdaderas mafias de narcotraficantes, cocinan y distribuyen droga.

Ambos países son territorios favoritos de los grandes carteles para triangular y sacar grandes cargamentos de droga hacia países del primer mundo.

En cuanto a la pureza de la cocaína exportada, Colombia lidera el ranking, le sigue Perú y por último Bolivia. Paraguay aparece en la lista como el primer productor de marihuana.
 

Las fuerzas armadas de diferentes países de la región, desde el principio de este siglo vienen cumpliendo diferentes roles en el combate contra el narcotráfico.

Brasil a partir del año 2000 puso en marcha una operación militar / policial a lo largo de la frontera amazónica con Colombia. Tabatinga, ciudad limítrofe colombiana con Leticia, fue elegida como centro coordinador de todas las fuerzas involucradas a la que dio en llamarse Operación Cobra.

Venezuela, Ecuador y Perú ya militarizaron sus fronteras, por lo que, miles de colombianos migran constantemente por el miedo de quedar atrapados en medio de una guerra entre militares, guerrilleros y para militares.

Estados Unidos propicia la mancomunion de esfuerzos militares en la región, por lo que dispone de un comando militar especializado denominado Comando Sur al mando del General James Hill, que cuenta con alrededor de 2000 expertos en problemas latino americanos relacionados con el tema que hoy nos ocupa, además de los soldados y los equipos necesarios para colaborar con las fuerzas armadas de los países integrantes de la región involucrados en este flagelo.

Las operaciones conjuntas tuvieron su origen en la doctrina militar occidental gracias a las tesis del general Eisenhower. El Manual del Ejército estadounidense establece 9 principios en la realización de la guerra: objetivos, ofensiva, economía de fuerzas, masa, maniobra, unidad de comando, seguridad, sorpresa y simplicidad.

El principio de unidad de comando debe ser aplicado en todos los niveles de la guerra “de una forma tal que acumule poder de combate hacia un objetivo común”. “La unidad de comando significa que todas las fuerzas están bajo la responsabilidad de un comandante”, quien debe buscar la realización del objetivo propuesto a través de todos los medios disponibles.

Desde un punto de vista literario, la unidad de comando fue reflejada por Alejandro Dumás en su obra Los Tres Mosqueteros, cuando aún la noción sobre este particular no había cobrado la forma que adquirió durante la Guerra Fría: “Todos para una, y una para todos”, era la consigna de los espadachines.
 

Estados Unidos tiene muy claro que esta guerra la deben pelear en conjunto con las fuerzas armadas de la región, pues ellos, no tienen idea de quien es quien fuera de sus propias fronteras, y les será muy difícil cuando no imposible identificar el enemigo; narcotraficante, del enemigo guerrillero, o del político convertido en guerrillero, pudiendo este, ser un enfrentamiento similar o peor que el de Viet Nam, costo que de ninguna manera están dispuestos a asumir.

Es preciso tener en cuenta que la región en general es la menos militarizada del planeta. El modelo militar construido casi desde los principios de los ejércitos se mantuvo hasta el final de la Guerra Fría. Hubo una tendencia general a desarrollar fuerzas armadas absolutamente nacionalizadas, buscando crear aparatos bélicos que conservasen su independencia de actuación de cualquier alianza o asociación internacional. Aun así no pudieron mantenerse al margen de influencias exteriores, pero siempre predominó una fuerte resistencia a delegar decisiones sobre el uso de la fuerza o la conducción de operaciones bélicas en una autoridad distinta de la nacional. Otro rasgo sobresaliente de las fuerzas armadas de la región fue la concepción de ejércitos de masas, y la necesidad de disponer de capacidad para movilizar a un volumen notable de la población nacional. En términos estratégicos, disponer de numerosos efectivos parecía necesario si se tenía que operar en las enormes extensiones del continente, o ante una eventual guerra de desgaste disponer de hombres instruidos en reserva. En estas circunstancias, desde la época que el General Richieri implanta en la Argentina el servicio militar obligatorio, la opción por la conscripción resultaba ineludible.

A partir de los noventa, hubo una gran reforma en el seno de las fuerzas armadas de América Latina, donde los gobiernos han comenzado a reclamar de sus integrantes el cumplimiento de roles tales como: la participación en iniciativas de paz internacionales, la contribución al mantenimiento de la estabilidad continental o la protección de las fronteras contra nuevas amenazas como el narcotráfico, que, como hemos visto es un problema con mas de una arista y que debería ser atacado integralmente, (cultivo, producción, distribución, consumo, blanqueo de activos).

Cada país juzgará el rol que jugará sus fuerzas armadas a la hora de determinar su evolución como “multiplicadores de fuerza” en operaciones que, quizás, y en algunos casos, no tengan que ver con las armas, pero sí con: logística, movilidad, inteligencia, y otros elementos de apoyo, absolutamente imprescindibles cuando se trata de desarrollar este tipo de operaciones en la práctica.

Según la rapidez con que se adapten las fuerzas armadas a los cambios en el horizonte estratégico que requiere la región, será la capacidad de respuesta a los nuevos desafíos que se plantean en los países Latinoamericanos.

*Andrés Penachino es asesor en sistemas de seguridad y trabaja junto al Programa Comunidades Seguras de Argentina.
 

Fuentes:

Janes Inteligence Review, septiembre de 2000
Revista Protección y Servicios, octubre de 2000
Portal del Foro de Profesionales de la Seguridad Latinoamericanos
LESSER, HOFFMAN, ARQUILLA, RONFELDT, ZANINI, JENKINS.: Countering  The New Terrorism. Rand’s Publication
Biblioteca del Programa Comunidades Seguras - notas y compilaciones año 2005 / 2006

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